Siguenos:

Derrumbe de Sabor

Publicado en Come Centro

El sol está a todo lo que da, de esas veces en las que ni te das cuenta si estás respirando o no por la falta de corrientes de aire. Parece que a la gente le van pisando los talones, y de ver y escuchar pláticas en la calle ni sus luces.

Pero al entrar a La Morenita del Santuario se siente como si en lugar de pasar una puerta común y corriente pasaras un portal que te transporta a otro sitio.

 

 

El aire es fresco gracias a los ventiladores y los techos blancos dan la sensación de estar a 18 grados centígrados.

Hay alrededor de doce mesas estratégicamente acomodadas, cinco de ellas ocupadas. Un grupo de mujeres de la tercera edad cuchicheando como seguramente lo hacen desde hace muchos años, un par de parejitas mirándose más entre ellos que a la comida de su tenedor, y un par de familias con conversaciones más diversas que un teléfono descompuesto.

Todos ellos con platillos diferentes en sus mesas, tortas, tostadas, enchiladas, cerveza, agua fresca, y si algo más se les antoja sólo hace falta mirar las paredes para encontrarse con el extenso menú. 

 

 

A pesar de esto, la tostada estilo santuario y las tortas son lo más pedido, no por nada son una tradición con más de 80 años, cuenta Fernando, dueño del restaurante.

 

 

 

Y llega la tostada. Un plato blanco redondo lleva en él lo que se sabe que es tostada porque así se pidió, ya que los cueritos cortados en pequeños cuadrados y la lechuga tapan por completo la tostada debajo de ellos, que lucha por resistir el peso que se le ha impuesto.

No puedes evitar poner cara de preocupación al no saber cómo te la comerás, pero para fortuna y alivio hay un tenedor que lo resuelve todo.

 

 

 

El vinagre de los cueritos hace perfecta pareja con su acompañante ácido, el jitomate, y por supuesto la salsa hecha de este mismo que sirve de cama a la crujiente tostada que lleva como maquillaje unos frijoles molidos.

 

Y para terminar, un vaso con agua fresca de Jamaica de color rojo intenso con unos hielos nadando en ella, invitándote a tomarla como si estuvieras en concurso de velocidad.

 

Ni quien recuerde que cruzando la puerta sigue el ardiente sol esperando a sus víctimas.

 

Por: Brenda Galindo

 

Made by
Ad
view