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Mostrando artículos por etiqueta: Historia Centro

Guadalajara ha mantenido la tradición de ser considerada una de las principales ciudades del país desde el período colonial, por ser un centro comercial medular y un primer acceso al pacífico desde el centro.

 

El crecimiento de su traza urbana ha sido apegada al modelo ortogonal (líneas horizontales y verticales que se cruzan) desde su fundación, aunque alrededor de 1920, la expansión de la ciudad hacia el oriente (río San Juan de Dios) modificó en sentido irregular la traza urbana, además de la creación de nuevas vías para dar cabida al nuevo transporte urbano, los tranvías eléctricos y los automóviles, las principales avenidas que se crearon en este tiempo fueron la Calzada Independencia y la actual Avenida La Paz.[1]

 

Durante el sexenio de Jesús González Gallo (1947-1953), se dotó a Guadalajara de una nueva fisonomía urbana e industrial, siguiendo con las políticas emanadas del programa de “desarrollo estabilizador” impulsado desde la administración de Miguel Alemán y consolidado con Ruiz Cortines, dónde la premisa era “progreso y justicia social”. El concepto progresista se llevó a la práctica con la modernización de las vialidades de la capital de Jalisco.

 

Entre las obras públicas más importantes, entre 1947 y 1953 se encuentran: la ampliación de las avenidas Juárez, 16 de Septiembre y Enrique Díaz de León; ampliación de las calles: Tolsá, Libertad, Munguía, Alemania, Prisciliano Sánchez, Chapultepec o Lafayette y Constitución. Además de la construcción de diferentes plazas: la plaza de la Liberación, la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres (enmarcadas en el proyecto de la cruz de plazas), la plaza de la Bandera, la plaza Cuauhtémoc, la plaza Alcalde, la plaza Oblatos y la plaza de los Laureles.[2]

 

Aunque la realización de mejoras urbanas en el centro de la ciudad eran necesarias por el creciente número de pobladores y vehículos que circulaban por él, no ha dejado de ser polémico el modo en que se realizaron, la demolición de manzanas enteras con edificios de arquitectura novohispana y del período porfirista, constituyó una pérdida muy importante del patrimonio histórico para la ciudad. Por ejemplo, para la realización del proyecto de la Cruz de Plazas, se demolieron el templo de la Soledad, construcción del siglo XVIII, así como el edificio de correos, lugar actual de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. El Palacio del Arzobispado y la Casa de la Moneda dieron paso al nuevo Palacio del Ayuntamiento; para la realización de la Plaza de la Liberación fueron derruidas varias casas de importante valor arquitectónico, como el Palacio Cañedo.

 

Quizá la Cruz de Plazas sea el espacio urbano con mayores simbolismos de Guadalajara, la Rotonda trasmite legitimación, historia contemporánea; la plaza de la Liberación, al pueblo, con la estatua de Miguel Hidalgo y las cadenas de la opresión destruidas; en la plaza de Armas, la ley, el orden y el progreso; y en el centro de ellas, la Catedral, el símbolo de la tradición de aquella sociedad tapatía conservadora que aún permea en el ideario.[3]

 

Justo es darle un espacio a la idea de modernidad con que vislumbro el gobernador González Gallo para la capital tapatía, los espacios de convivencia para los tapatíos fueron considerablemente ampliados, una movilidad más eficiente (actualmente insuficiente), mejoramiento en la infraestructura de los servicios públicos, son algunos de los avances que se le pueden atribuir al gobernador originario de Yahualica, en los altos de Jalisco, sin dejar de pensar en lo que sería de Guadalajara si en lugar de darle esta transformación total, se hubiese conservado su valor colonial, resaltando como la ciudad más importante del occidente mexicano.

 

 

 

 

Por: Juan Carlos Sánchez Osorno



[1] Ruiz, Fernando. La cruz de plazas. Transformación urbana: Guadalajara 1947- 1959. Universidad de Guadalajara, 2013, p. 25

[2] Sánchez Susarrey Jaime e Ignacio Medina Sánchez. Jalisco desde la Revolución. Historia política 1940-1975. Tomo IX.Universidad de Guadalajara, Gobierno del estado de Jalisco, 1987, p. 45-47

[3] Ruiz, Fernando. Íbid. p. 54

Aun cuando parece el título de un cuento de navidad, Fortino Jaime es uno de los personajes más trascendentes (y a la vez olvidados) de la cultura tapatía de la primera mitad del siglo XX. A su vez “El Árbol de Navidad” era un sitio de gran versatilidad, ya que al mismo tiempo era librería, imprenta, miscelánea, lugar de tertulias, entre otras funciones más. Es por ello que vale la pena hablar sobre Fortino y su negocio “navideño”, pues representan uno de los pasajes más peculiares en la historia de la ciudad. 

 

El pasado 3 de diciembre concluyó el taller “Historia Oral y Recuperación de la Memoria Histórica” en las instalaciones de la Tienda de los Güeros de la Promotora Cultural Abarrotera Mexicana, ubicada en el legendario barrio de Mexicaltzingo. Durante 8 sesiones el taller tuvo como objetivo general: brindar a los vecinos de distintos barrios de Guadalajara, los principios teóricos metodológicos de la historia oral y promover ésta técnica como una herramienta para el rescate de la memoria histórica colectiva.

Figura 1. El Informador, febrero 5, 1939. Pág. 13

 

A mediados del siglo XX, el tamaño Guadalajara no era comparable con el que existe actualmente, pues ya se podía hablar de las afueras de la ciudad hacia el oeste donde actualmente se encuentra la Minerva, mientras que al norte el límite eran las “Barranquitas”; al sur la reciente Colonia del Fresno y la zona del Tecnológico; y al populoso oriente los barrios de Oblatos,  San Andrés y el parque de San Rafael delimitaban a la ciudad. Esto hacía que gran parte del comercio y de los lugares de reunión se localizaran en el primer cuadro de la ciudad. Puntos como los Portales, la Plaza de Armas o el Jardín de San Francisco eran los lugares de reunión por excelencia. Conforme la ciudad ha crecido, estos espacios de socialización se han ido multiplicando y dispersando a lo largo de la urbe, pero aún el centro de la ciudad conserva esa vitalidad de ser el punto de encuentro por excelencia.

 

Una de las características de la Guadalajara del siglo XVIII, fue el crecimiento de población en la ciudad, y mientras más población mayores son sus necesidades, como por ejemplo, los espacios de recreación o entretenimiento. Desde 1753, si bien se iniciaron las gestiones institucionales para establecer un Coliseo de comedias para la ciudad, fue hasta el 21 de enero de 1758 que desde la ciudad de México, el virrey Marqués de las Amarillas autorizó el establecimiento de dicho coliseo con sus respectivas reglas para su buen funcionamiento, como: “las funciones deben terminarse antes de la oración de la noche”, “espacios abiertos para evitar actos inmorales”, “separación entre hombres y mujeres, a menos que fueran personas muy decentes”, entre otras.

 

 

Tras sufrir un lamentable incendio a inicios de este mes (Mayo 2014), el futuro del Mercado Corona ahora sufre especulaciones diversas. Tristemente ha tenido que ser demolido y la reconstrucción traerá otro similar y respetando algunos elementos -según las autoridades- de la estructura original para Septiembre del 2015.

 

 

 

Caminando por Plaza Tapatía, o circulando sobre la Calzada Independencia y volteando la vista un poco hacía el cielo, podremos encontrar una llamativa escultura que forma parte de la gran fuente "Inmolación a Quetzalcóatl".

 

 

Si de trabajos de ingeniería excepcionales en Guadalajara se trata, sin duda uno de los que ha marcado historia es la reubicación del edificio de Telefónica Mexicana.

 

En 1927 comenzaba la construcción de la Av. Vallarta a partir del cruce de Av. Federalismo y donde concluía Av. Juárez, sin embargo había un edificio que se encontraba en el cruce de dichas avenidas y tuvo que ser demolido: el edificio de Penitenciaria del Estado de Jalisco.

 

 

 

#HistoriaCentro

 

Los sustratos terrestres superficiales sobre los que se asienta la ciudad de Guadalajara contienen materiales piroclásticos y es en general un suelo volcánico rico en piedra y polvo de piedra pómez, también llamado “Jal” en la región; de aquí el nombre que se le da al Estado de Jalisco.

 

Debido a este hecho, uno de los materiales de construcción más usados en Guadalajara, desde su fundación y durante los siglos posteriores, fue una toba volcánica conocida popularmente como “cantera amarilla o dorada”.

 

 

EL PULQUE EN LA VIDA DE GUADALAJARA.

 

Desde su invención o descubrimiento el pulque no ha dejado de ser uno de los invitados a festejos donde muchas veces resulta ser el más comentado después del recuento de los daños, e incluso ha llegado a compartir la culpa con los involucrados de diversos pleitos y tumultos, aunque también ha protagonizado experiencias extrasensoriales y sin duda estampas melancólicas.

 

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